Mi tío aparece cada cuatro años .Mi tío bisiesto , el de eterna barba de dos días , el de la voz profunda , el de los infinitos detalles , el de las anécdotas y los escenarios exóticos ( o urbanos , o clásicos ). Es un egocéntrico , de eso no cabe duda , un acaparador de conversaciones capaz de porquerías sintácticas tan sucias como :
Mi Padre : [...] murió hace poco. Y su mujer que tenía parkinson...
Mi Hermana : Pobrecilla
Mi tío : Hablando de poco. Donde queda muy poco bosque ya es en Portugal , estuve ...
Lindezas, así , a miles. Si hablo de mi tío es porque tras su presencia , maravillosamente administrada por algún Dios benevolente , se filtra en mi mente una idea recurrente , gastada ya . Me digo : ¿cómo puede alguien haber viajado tanto y no haber viajado jamás por las palabras? Las palabras importantes, quiero decir , no aparcar el espíritu al lado de "queso cheddar" o "bífidus". ¿Cómo puede no haber pensado que no es lo mismo amarse que idolatrarse? ¿No es consciente de ser un estereotipo con dos siglos de antigüedad , el del narcisista aventurero ?
Tras pensarlo , creo que mi tío , embarcado siempre en el viaje físico , no ha tenido tiempo de ahondar en el viaje , quizá más modesto y menos llamativo ,de las grandes palabras. Y , me he dicho : yo no tengo la obligación ( ni la posibiladad) de hacer grandes viajes. Así que he decidido emprender el viaje de las grandes palabras de mi vida. Algo bastante barato , además.
sábado, 13 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario